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"Soy todo. Depende el día"

"We will all laugh at gilded butterflies"

Cuando esa hostilidad dominaba todo el ambiente, se le daba por pensar que era el orgullo quien dominaba la situación. Podía ahogarse en el simple consuelo de saber que se querían mucho (a veces más de lo que los dos deseaban) pero que no podían estar juntos...Ya había entendido que no existía un mar que la lleve, ni que la salve, ni que la traiga a casa a esta noche, mucho menos cuando ese mar es de alcohol o en su defecto, de lágrimas saladas que se pierden en cosas que jamás contestó, como esa propuesta que siempre ignoró.
Recuerdo aquél día en el cual sin previo aviso ella lo besó, siempre había amado los besos con pasión, y aún más cuando eran sin ningún tipo de explicación. Anhelaba tanto las cosas sin explicación,  aquellas que nunca terminamos de entender por qué sucedieron, pero sin embargo contábamos cada segundo para que vuelvan a suceder. También le gustaba hacer frente a todo lo posible, besar sin permiso, jamás sería una damisela en peligro que se muestra nerviosa y sin vida, porque a veces ella misma resultaba ser el peligro de cualquier hombre, le gustaba mirar a los ojos, reír, tocar y sentir en el tacto de sus manos la sensación de otra piel. Era por eso que sentía que cualquiera la podía elegir, porque tenía lo que no cualquiera sabía llevar: las ganas de sentir. Las cuales hasta a veces ella misma no sabía llevar.
Pero es que había tantas cosas que no sabía como llevar, simplemente vivía cada momento esperando a que no termine jamás. Y le agarraba la mano, aunque él supiese que eso no debería pasar. Porque en todas las historias de amor siempre debe haber uno que lleve los pantalones y le agregue esa pizca de realidad a nuestro bello cuento, eso que aquél, el que revosa de pasión y ganas de vivir en una plena excitación amorosa, no logra comprender. Era tan impulsiva como hermosa, sentía lo que hacía, hacía lo que sentía, vivía sintiendo que vivía. Y sin embargo a veces, de aire carecía. El tema del amor nunca le había sido fácil, y mucho menos cuando una pareja seria, era el tema de hablar. Conocer a alguien, sentir mariposas, enamorarse, y vivir toda tu vida deseando ser alguien más para poder sentir una vez más, la sensación de amar de verdad.
No, no era el momento. No era su momento serio en la vida, no debía abandonar todo a lo que quería llegar, no debía demostrar debilidad ¡Y cómo odiaba sentir debilidad! Casi que se sentía morir, y de a ratos volvía a sentir. Y lo amaba, les juro por dios que lo amaba, que todo lo que ella podía hacer era darle amor, uno más puro y profundo que el de cualquiera, pero no podría sumar tantos puntos sin restar. Y nada le hubiese gustado más que poderlo amar, sin tener que perder nada más. 
Y así lo perdió, y fue como un montón de mariposas de colores escupió.


"Yo no sabría echarte de menos, soy un ladrón que robó dolor"

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