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"Soy todo. Depende el día"

"Es tan inhumano ser totalmente bueno como totalmente malvado."


"Publiqué la novela A Clockwork Orange en 1962, lapso que debería haber bastado para borrarla de la memoria literaria del mundo. Sin embargo se resiste a ser borrada, y de  esto  la  versión cinematográfica de  Stanley  Kubrick  es  la principal  responsable.  De buena  gana  la  repudiaría por  diferentes  razones,  pero eso  no está permitido.  Recibo cartas  de estudiantes  que  tratan  de escribir  tesis sobre  la novela,  o peticiones  de dramaturgos japoneses para convertirla en una suerte de obra de teatro noh. Así pues, es altamente probable  que  sobreviva,  mientras  que  otras  obras  mías  que  valoro  más muerden  el  polvo.  Esta no es  una experiencia  inusual  para  los  artistas.  Rachmaninoff solía  lamentarse  de que  se  le  conociera principalmente  por  un  Preludio en  Do  menor sostenido  que  compuso  en  la  adolescencia,  mientras  que  sus  obras  de  madurez  no entraban nunca en los programas. Los niños afilan sus dientes pianísticos en un Minueto en Sol que Beethoven compuso sólo para poder detestarlo. Tendré que seguir viviendo con La naranja mecánica,  y eso  significa que me liga a ella un  cierto deber de autor. Tengo un deber muy especial hacia ella en los Estados Unidos, y será mejor que explique en qué consiste.
¿Oué ocurría  en  ese  vigésimo  primer  capítulo?  Ahora  tienen  la  oportunidad  de averiguarlo.  En  resumen, mi joven  criminal  protagonista  crece unos  años.  La  violencia acaba por aburrirlo y reconoce que es mejor emplear la energía humana en la creación que en la destrucción. La violencia sin sentido es una prerrogativa de la juventud; rebosa energía  pero  le  falta  talento  constructivo.  Su dinamismo  se  ve  forzado a  manifestarse destrozando  cabinas  telefónicas,  descarrilando  trenes,  robando  coches  y  luego estrellándolos y, por supuesto, en la mucho más satisfactoria actividad de destruir seres humanos. Sin embargo, llega un momento en que la violencia se convierte en algo juvenil y aburrido. Es la réplica de los estúpidos y los ignorantes. Mi joven rufián siente de pronto, como una revelación, la necesidad de hacer  algo  en la  vida,  casarse,  engendrar  hijos, mantener la naranja del mundo girando en las rucas de Bogo, o manos de Dios, y quizás incluso  crear  algo,  música  por  ejemplo.  Después  de  todo  Mozart  y  Mendelssohn compusieron una música celestial en la adolescencia o nadsat, mientras que lo único que hacía mi héroe era rasrecear y el viejo unodós-unodós. Es con una especie de vergüenza que este  joven  que  está  creciendo  mira ese pasado  de  destrucción.  Desea un  futuro distinto.


Pero mi editor de Nueva York veía mi vigésimo primer capítulo como una traición. Era  muy británico,  blando,  y  mostraba una  renuencia  pelagiana  a aceptar  que el  ser humano  podía ser  un  modelo  de  maldad  impenitente.  Venía a  decir  que  los norteamericanos eran más fuertes que los británicos y no temían enfrentarse a la realidad.  Lo que en realidad se quería era un libro nixoniano sin un hilo de optimismo. Dejemos que la maldad se pavonee en la página y hasta la última línea y se ría de las creencias heredadas, judía, cristiana, musulmana o cualquier otra, y de que los humanos pueden llegar a ser mejores. Un libro así sería sensacional, y lo es. 

Pero no creo que sea una imagen justa de la vida humana.

Y no lo creo porque, por definición, el ser humano está dotado de libre albedrío, y puede elegir entre el bien y el mal. Si sólo puede actuar bien o sólo puede actuar mal, no será  más  que  una  naranja  mecánica,  lo que quiere decir  que en  apariencia  será un
hermoso organismo  con  color  y  jugo,  pero  de  hecho  no  será  más  que un  juguete
mecánico al que Dios o el Diablo (o el Todopoderoso Estado, ya que está sustituyéndolos
a  los  dos)  le  darán  cuerda.  Es  tan  inhumano  ser  totalmente  bueno  como  totalmente 
malvado. Lo importante es la elección moral. La maldad tiene que existir junto a la bondad para que  pueda darse esa elección  moral.  La  vida  se  sostiene gracias  a  la enconada oposición de entidades  morales."



John Anthony Burgess Wilson (25 de febrero de 1917-  25 de noviembre  de 1993)

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