Recién estaba cambiando un par de cosas de la plantilla del blog, pero la puta madre ¡Cómo me cuestan lo cambios! Y juro que no lo digo ni en broma, no puedo ni cambiar cosas de blog físicamente que ya me siento insegura. Siempre fui así, de apegarme a mis cosas y no poder soltarlas ni en un millón de años. Soy así. Siempre lo digo para todos y para todo, soy posesiva. No tanto con la gente como con mis cosas propias, esas que hablan de mí, que me hacen feliz, claramente, porque a las cosas no les tengo que hacer una escena de celos para que entiendan que son mías, en cambio con la gente, sí. Es por eso que siempre evito el tener que pasar por esa innata situación y siempre parece que todo me importa tres naranjas.
Hoy hablaba en el colegio, sobre que, si pudiese ser un material en esta vida, sería una piedra. Que cosa más genial que una piedra? Sos dura, rocosa, nada pasa dentro ni fuera de vos, y lo mejor es que te podes meter en el camino de la gente y cuando las mismas enojadas, te quieren patear: lo único que hacen es lastimarse el píe.
Es perfecto. Realmente perfecto, para todo aquél que alguna vez negó que Dios creo una naturaleza perfecta, créanme que lo hizo.
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