De: Lucía
Para: La tristeza.
¿Cómo pedirte que te vayas si vivís dentro mío? ¿Cómo obligar tu desapareción si soy la única que te ve? Necesito que te vayas. Sólo eso sé. Necesito que te vayas con todo lo que me trajiste, con todo lo que consumiste, con todo lo que me hiciste. Me consumiste. Tengo voz de saturada, realmente lo estoy. Me encierran cuatro paredes que no me dejan escapar, ya no sé ni como voy a andar. Los gritos de diluyen con las lágrimas que caen y mis ojos se cierran en cada momento de dolor. Si sé que cada día me estoy muriendo ¿Por qué voy a vivirlo padeciendo? Dice una canción, explicame el por qué de tu venida, el por qué de tu retraso en la vuelta, el por qué de este debastamiento.
No existe dolor peor como el de ver como todo el mundo disfruta en su felicidad y vos te estás hundiendo de verdad. No existe. Pero aunque esta carta es dirigida a la tristeza, eso no quiere decir que no hable del dolor. Pero no son lo mismo. La tristeza y el dolor difieren, el dolor te quema, la tristeza se siente. El dolor te consume, la tristeza te agobia. El dolor se siente en todo el cuerpo, la tristeza solo en tu corazón.
Ay, si pudiera arancarme el dolor y tirarlo al mar para poder al fin olvidar. Odio los gritos grabados en mi cabeza, odio todo lo que quedo dentro de ella.
¿Y saben por qué sufro tanto? Porque nadie me pide que siga aunque el mundo se me caiga encima, porque no tengo razón para seguir. No sé, un "seguí por mí, yo te necesito bien para ser feliz". Y ahí es cuando entiendo que todo el mundo le importa un puto carajo, cosa que está exactamente bien porque así somos las personas, pero duele.
PD: No te lo estoy pidiendo, te lo estoy ordenando. Andate.
Atte: Lucía Medús.
No hay comentarios:
Publicar un comentario