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"Soy todo. Depende el día"

Risas que duelen

Entonces ella se convirtió en su objeto menos preciado, aunque quizás el más utilizado. Habían pasado ya las horas, los minutos y los segundos del momento del amor, ahora sólo quedaba destrucción. Ambos se perdían entre sarcasmos pobres, risas tristes y miradas intensas. Pero ya no se amaban, ya no. Fue con un llanto de desesperación donde supongo que todo se apagó, y perdió un poco la excitación.
Se cansaron de sus caras, de sus manías de niños perdidos (Porque hay una realidad; si había alguien que estaba perdido en este mundo, eran ellos dos.) 
Dos pequeños malos jugadores que se hacían trampa cuando el otro cerraba los ojos, que se utilizaban, quizás, sólo para flagelarse el uno al otro. Y qué bien se lastimaban. Ella sabía todos sus puntos débiles para hacerlo llorar, porque puede que eso sea lo más triste del amor: conocer la debilidad del otro, darle la llave a la otra persona de todos tus dolores, para que pueda abrir aquella cajita y cortarte las alas sin ningún tipo de precaución. Es por eso que lo hirió, lo utilizó, y de vez en cuando lo dejó. Le rompió el corazón simplemente para explicarle que ella no tenía una razón, una razón para amar, para existir, para progresar junto a él. Fue fiel a su palabra, entonces desarmó toda esa estúpida casita del amor, y más de una vez lo traicionó.
Así lo desarmó. Utilizo toda su crueldad para demostrarle lo que era la debilidad, y le enseñó el verdadero precio de amar. 
No era perfecta, tenía mas errores que aciertos, vivía gritándole al mundo que nadie jamás la iba a derribar, y con sus manos siempre mal pintadas iba destrozando a cualquiera que la quisiese curar. Curar de toda esa locura que no lograba abandonar. 
Y el amo comenzó a jugar al esclavo.
Todo lo que la volvía tan soberbiamente dominante, se apagó, y ella se sintió sola una vez más. Sintió al fin, sus errores quemandole la piel, y lo miró una vez más. Miro esa sonrisa de par en par, gigante como muchas no hay, sus ojos pequeños con un destello triste y entendió, que ya no podía herirlo nunca más. Y lo dejó ir, con una lágrima que no logra salir, que no quiere dejar existir, lo extrañó. 
Volvió al principio, al día en el cual lo conoció, aquél día supo que él era un tipo especial, que era una dicha no tan alegre, que era un embajador de las tristezas perdidas del mundo, un pequeño drogadicto que escondía toda esa agonía detrás de una sonrisa, un auto destructivo muchacho que no se quería buscar, por miedo a lo que podía llegar a encontrar. Pero ella quiso jugar a las escondidas con todo ese dolor, y el día que lo encontró, entendió que toda esa oscuridad que habitaba en él (que solía asustarla tanto tanto), era la parte más profunda e intima de él. Fue por eso que pensó que él quizás tenía un poco de miedo a mirar, a descubrir las verdaderas cosas que lo iban a lastimar, porque nunca supo lo que era aceptar. Su peor error fue haber dejado que sus dolores se enamorasen entre sí. Entonces eran dos almas perdidas rogando por un poco más  de amor. Regodeándose y regateándose tan ásperamente que a veces no parecían una pareja de dos, en cambio eran él, ella y el dolor. 
Supongo que en algún punto lo amó.
Todo volvía a nublarse otra vez, y las caricias se volvían una completa estupidez. Ya no recordaba la última vez que se habían besado y el amor estaba intacto. No recuerda si quiera si alguna vez hubo amor. 
Sólo recuerda sus corazones hechos pedazos, gritando y una lágrima recorre su cara esta vez, ya no se acuerda de la profundidad, ni de la agonía, ni siquiera de ese forro amor que nunca encontró en él. Sólo se acuerda de cómo se destrozaron, y sus pedacitos volaron por el aire con ferocidad.
Es quizás esta, la historia más poética y dolorosa que había existido jamás, y sin embargo cuando ella la pensaba una vez más, se dedicaba a reír con un dolor que quemaba incluso al aire.



"Para vos la operación del amor es tan sencilla, te curarás antes que yo y eso que me querés como yo no te quiero."

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