Pero el punto es, que esto no se trata de lo que uno desea o deja de desear, ni siquiera se trata de los deseos nunca cumplidos que poseo, que sé que me pesan y me obsesionan un poco, si no que, se trata de lo que sentí al haber tocado con mis propias manos algo que para mi mente, mi personalidad y mis gustos, resulta ser ideal. Que horrible es idealizar.
Sin embargo, no podría vivir sin idealizar, sin tener un punto de vista que me encandile más que los demás.
Quizás el adjetivo que resuelva todo este juego de oraciones es "deslumbrada", me encuentro deslumbrada por algo que nunca encontré, hasta ahora. Pero lo más triste de mi deslumbrantes pensamientos, es el haber sido tan fugaz que desapareció. No sé ni siquiera si alguna vez existió.
Pero entonces los recuerdos llegan a mí, la luna, sus ojos y su sonrisa, las manos, los piercings y los tatuajes, su espalda desnuda que brillaba incandescente bajo un cielo estrellado. Sus besos. Les aseguro que aún siento sus besos en todo el cuerpo, y sus manos tocándome, haciéndome sentir viva. Las palabras "Disfrutá el momento" que se ahogaron en el aire, y aquellos "Sos un hijo de puta, no me podés estar haciendo esto" que yo solía repetir, pero que él jamás escuchaba, y seguía rosando su piel con la mía como si nada hubiese salido de boca en aquél momento. Es que me gustaba tanto. Tanto, tanto que ni siquiera controlaba mis alcoholizadas palabras, mis torpes movimientos estupidizados por algún que otro vaso de cerveza bien frío, pero sin embargo, cuando lo tocaba a él, de repente todos mis movimientos se volvían perfectos otra vez, y todo era pura pasión.
Y lograba olvidarme de mí, de mi propia existencia, me olvidaba de todo el sufrimiento y todo el dolor, porque por primera vez no me sentía atada, no sentía aquellas cadenas que me unían a todo el sufrimiento, a todas esas tristes lágrimas que me quemaban las mejillas a diario. Así fue como lo desee a él, más que a cualquiera hasta el momento, quizás porque estábamos lejos de todo el disturbio de la ciudad que ya no soporto, me encontraba en un lugar hermoso, con alguien hermoso que me acariciaba la piel y me besaba muy bien hasta que llegara el amanecer.
Lo triste es que la perfección no existe realmente, tampoco el amor fugaz, por lo cual los relatos se vuelven absurdos en la realidad, y las caricias tan puras se convierten en una simple sensación que deja una huella en nuestra piel, pero que no pretende importar ni significar nada más que otro muchacho más, de mi colección de soldaditos mutilados, pero con una sola diferencia: No estuvo ni cerca de dejarse desarmar por mí.
Yo fui su soldadito de juguete rebosando pasión.
"Duele verte removiendo la cajita de cenizas que el placer tras de si dejó"
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