y jamás puedo salir.
Es como si me ataras los pies con el cordón de las zapatillas,
como si te quedarás con todo lo que llevo encima,
como cuando el perro celebra la llegada de su amo,
como un músico tocando sin cesar el piano,
es tan, tan hermoso,
como si le hiciera el amor de una forma sútil
destilando un sonido muy claro.
Cuando no te veo no te extraño,
más bien tengo imágenes tuyas rondando por todo mi cuarto,
pienso que alguna vez conociste este pequeño antro,
de más de cuatro paredes y con un placard garabateado,
Y no pienso que sea algo tan extraño,
porque esperarte se vuelve más bien algo vano,
y nos tocamos, y vos tocás el cielo y yo ya no siento nada,
me olvido de todo y con eso también me olvido de vos,
me niego a extrañarte, a pensarte o a sentirte,
porque sé que mis ideas no van al mismo lugar que vos.
que no se extrañan,
que no se sienten,
y los que miran de afuera saben que,
no nos buscamos,
no nos extrañamos,
no nos sentimos.
No somos más que una morbosa idea del vicio,
de la insaciabilidad humana,
de la comprensión metafórica.
Es irónico porque siempre me gusto de este señor,
lo que nunca nadie en él vio.
Pero más irónico es, que cuando lo tengo frente a frente
me olvido de conversarle acerca de mi admiración hacia él.
Y entonces un cigarrillo atrás de un buen tema de La bersuit,
y unos ojos cansados,
con las ojeras un poco violetas,
y cinco pesos en la mano.
Todo es perfecto,
aunque no estés más, y te sienta de nuevo alejado.
El destino dice que no me quemés más la sien,
estoy de acuerdo con eso y con que te vayas a dormir también.
Me pongo las Nike, me saco el corpiño,
una musculosa negra,
y un jean bastante viejito,
me siento más libre, no soy tan preciosa.
Me muerdo los labios, los dientes me cortan un poco la piel,
disfrazo mis uñas con esmalte negro y me suelto el pelo,
aunque no muy peinado esté.
Agarro una camisa, me la clavo encima,
me cuelgo el morral y salgo a ver la vida.
¿Sabés que encuentro en toda esta porquería?
Una moto y un perro,
varios autos y casas,
los pibes de la esquina,
camino por ahí,
me voy hasta Liniers,
miro las vidrieras, las caras, las personas,
las suelas que chocan con el piso velozmente,
los bondis, el olor a condimento, la mugre de la calle,
y no te encuentro más.
Aún conciente de saberlo, te busco en las esquinas, en alguna que otra peluquería,
y sólo encuentro una voz pacifica que me dice desde adentro que no encuentro lo que no me debo,
al pensar que todavía te busco donde sé que no te voy a encontrar.
Plácida por preciosa, así es tu vagancia,
que contra todas mis ganas,
por goleada ganaba.
Y ni hablar de la cerveza tenebrosa,
que come cabezas y mata memorias,
de sábados eternos con músicas pegadizas
y risas humeantes.
De manos vergonzosas que asoman cinturas,
de Spinetta y la psicóloga de hace como tres añitos.
Razones por las que no hacemos nada bien,
razones por las que no hacemos nada mal.

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