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"Soy todo. Depende el día"

¿Cuánto más vas a volver para hacerme enloquecer?

¡Ay, si el mundo supiera lo cansada que estoy de sus vueltas tan inspiradoras pero tan poco constructivas! Si pudiera imaginar, por un simple segundo, lo que me cuesta levantarme después de haber caído más de cien veces. Pero claro que me cuesta, porque si no dudaría de mi tan jugosa carne y blancos huesos, dudaría inclusive de mis sentimientos, que tan persistentes, no me dejan de asesinar cada noche cuando lo que en realidad debería estar haciendo es descansar, dudaría de mi razón de ser, de mi existencia en este mundo, de ser un humano de verdad..
Pero ni mi carne, ni mis huesos, y ni siquiera mi persistencia me privaron de tanta luz que destilaba por cualquier ventanal, a la cual observaba con ansias y por un mínimo segundo, sentía que volvía a empezar. Soy aquella "mujer atrás de un vidrio empañado" de la que hablaba Luca Prodan, viendo una luz que ya ni siquiera sé si veo, o la imagino. 
Quizás la inventé, y me obsesioné con una luz que no existía pero me llenaba y me hacía feliz. Puede que mi mente sea tan básica al crear lo intocable para rechazar todo lo posible, aunque en estos momentos, con esta luna y su presencia en esta esquina, hasta lo posible se vuelve intocable. 
Egoísta e intocable. 
Intocable por razones natas, como son sus intentos de alejarse a través del engaño; egoísta por su incapacidad de pensar en aquella brecha que abría en mi corazón para no volver a cerrar. Y estoy hablando del corazón como si supiera algo del sentimiento ebrio de sufrir, que jamás ha sabido diferenciar un espasmo de un amor, un ataque cardíaco del sentimiento de pasión. 
La confusión que poseo no se debe a su falencia en nuestra relación, se debe a mi poco valor. No puedo sacar esta ira y me va a triturar, entonces lastimo a mi entorno sin pensarlo un poco más. 
Mis disculpas por ser tan irracional y no dejarlos de preocupar, tanta sonrisa maltratada que nos inunda a todos de preguntas sin responder, como la luz que ya no puedo encender. Anhelaba todo eso que no encuentro ni con propia voluntad y así perdí la luz y también fe. 
Recuerdo cuando la perdí, fue el día en el que mi piel contrajo rosacia o la misma tarde en la que mis brazos fueron corriendo detrás de una oscuridad que olvidé. Y sin embargo, no extraño a mi luz, porque aún perdida la veo brillar en espontáneo, para partirme en dos el cráneo, como siempre lo hizo una y otra vez.
Iluminando a otras, que sí la saben valorar, existiendo y sintiendo orgullo de existir. Brillando y sintiendo orgullo de brillar. Sanando y sintiendo orgullo de sanar.
Todo es tan inconcluso.

"¿Hasta cuándo la tristeza podrá contra tu belleza, ensuciando todo el mar?"

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