Lo importante era gozar, y gozar bien. Jamás importaría el clima ni la hora, tampoco el pasto en el que están sentados, lo importante eran las caras, las bocas, las cejas, las palabras. Ellos, que tan alejados del mundo están por un instante, pequeños e indefensos en una realidad alternativa que da para pensar.
Por qué seré tan cruel e irracional, tan impune e irrespetuosa de no saber que bajo una estrella, se iluminan todas las pasiones. Y es un poco inútil porque ya no sirve de nada, ahogarse en las aguas de lo que no fue, de lo que nunca será. ¿Qué sería de mi si no tuviera todas estas estúpidas ganas de estar donde no estoy?
La puta indiferencia que me viene comiendo de a poco, todo eso tiene debe tener un poco que ver con vos. Con toda esa imagen intocable que no puedo descifrar, en la superficie reluce simpleza, pero por dentro suena como un volcán lleno de pena. Qué cruel sos, hasta sin saberlo, me estás enseñando un mundo para guardártelo en el bolsillo.
Pasarán los años y seguiremos siendo nada, unos irresponsables que juegan a mirarse de más durante la madrugada, esperando el momento de no actuar, de no ser, de no tener ni una mínima sensación que traiga aún más fantasías, más ganas.
Y un poquito de mí se duerme en vos de vez en cuando, se encuentra con tu remera y se sostiene entre tantas cosas que de a poco se van cayendo a pedazos...
Mal entretenidos nos entregamos a continuar. Cada uno toma su lugar y se vuelve a ese pequeño pedazo de tierra donde debería estar. Y nos olvidamos de la tragedia de no poder gente más natural, que sienta lo que haga y viva lo que dice. Entonces vos te vas por tu lado y yo vuelvo a mi mundo.
Cada uno sabe que el otro va ganando.
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