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"Soy todo. Depende el día"

Historias de horror

En mis historias, las princesas vacían una copa de vino sobre la cabeza de los príncipes, los empujan con violencia y se suicidan clavándose con fuerza un puñal en el estómago. El príncipe (que sin princesa ya no es mucho), mojado en uvas y aún sintiendo las manos de la princesa en sus caderas, la ve morir, desvanecerse. Caer al piso lentamente y quedar por siempre en una mirada perdida.
En mis historias, las princesas deberían tener tatuajes y piercings, deberían ser almas que llegan a este mundo para ser imperfectas y relucir entre tanto mundo gris.
Pero esta no es una de mis historias, es sin embargo, la única que poseo. Porque si aprendí algo de los años es que mi amor por la ficción nace de mi gran odio por esta realidad. De hecho, a veces sucede que no logro discernir entre la realidad y la ficción, y empiezo a dudar si los hechos son reales o simples creaciones en mi cabeza.
En mis historias, el amor está completamente desnutrido, es una guerra que consta en pisar cabezas, demoler corazones, romper ilusiones, todos sufren a causa de él y sus amados jamás les corresponde ni les corresponderá porque es un amor salvaje, completamente imperfecto. Es por eso, que en mis historias jamás se aburren, porque jamás se cumple la meta, porque jamás hay un final feliz. 
Pero mis historias no sólo hay princesas tatuadas y agujereadas que rompen copas y caminan descalzas, también hay monstruos que atacan sus castillos, los que son llamados príncipes. 
En mis historias la princesa y el príncipe nunca hacen el amor, cogen bajo la luna y se rasguñan cuando el príncipe se transforma en lobo con los destellos de la luna, y aún la princesa sin miedo, siente compasión, le acaricia la cara, sabiendo que algún día se matará por tanto amor contenido en un sólo lugar.
En mis historias, los protagonistas siempre mueren, se matan entre ellos, se suicidan, se gritan, se comen, se lloran y se mastican. En mis historias no existe lo convencional, no existe el sufrimiento por una uña rota o un vestido de un talle más. Las princesas se desnudan, y se van a dormir para al otro día estudiar. 

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