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"Soy todo. Depende el día"

Las luces de la juventud

Hubo una tarde en la que me encontré sentada leyendo un libro en las (dependiendo de quien lo diga) sucias calles Ramón Falcón y Cosquín. Ya había caído la noche, como en todo invierno, que al rozar las seis de la tarde se oscurece. Leía Sobre héroes y tumbas, de Sábato, sentada en un escalón, con la poca luz que me brindaba una inmobiliaria que se encontraba al lado. Aunque compenetrada en mi lectura, escuchaba a la gente pasar y alguna que otra bocina sonando por las calles.
Mi libro, ya bastante antiguo, de hojas amarillentas y tinta bastante gastada, me contaba una historia turbia y oscura como la noche que me acompañaba. Hablaba de mujeres con piel de reptil, túneles de agua sucia y hombres que acabaron por quemarse vivos en una habitación. 
Un hombre de tal vez setenta u ochenta años pasaba caminando por allá, sin dudarlo, se paró delante de mí y con una sonrisa me dijo:
-¡Feliz vos, que podés leer con tan poca luz!

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