Las puertas siempre abrían y los cuerpos siempre hablaban,
las servilletas decían "te extraño" y no nos importaban los horarios.
Anoche dormí mejor, no te odié ni te extrañé,
quiero pensar que me estoy acostumbrando a esto de no pertenecer.
Y festejar esta soledad, que más que puta es una ingrata,
y mientras me pregunta si aún queda algo más, me tritura en las mañanas.
Alegando impunidad, armónico, casi socrático,
tu humor se convierte en el comienzo de mi final.
Mientras rujo externamente, en el silencio yo me ahogué.
A veces no es bueno ir tan adentro, cuando mi cuerpo está en silencio.
Supongo que perdí la esencia en algún beso, porque mi cuerpo no me responde
cuando le pido que me hable y me de unos empujones.
Y hoy respiro un aire espeso, flotando entre mis pensamientos,
sin poder hallarme en mi propio cuerpo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario