Las cicatrices se envuelven entre pensarte u olvidarte,
pero siempre vuelven al mismo puerto que es amarte.
Mis romances se acaban con el pasar del tiempo,
me pongo más tersa,
más pensativa,
me envuelvo a veces en la monotonía.
Pero ¿Dónde estás cuándo te busco en una canción triste
y no te puedo encontrar?
Si este amor es una cólera,
que sea más humano que perfecto,
Te sigo eligiendo porque siempre te trae el viento.
Y ya no importa dónde estás,
porque soy un ser que a veces puede esperar,
pero entre ritmos viciosos,
te encuentro en las paredes de mi ocio.
Probablemente este poema sea de amor,
o no rime porque no tengo una preparación.
Pero mi admiración por vos,
crece tanto como crezco con los días yo.
Entonces me aseguro de perderte,
de no encontrarte por unos días,
de no mirarte durante el mate que tomo con un amiga.
Pero siempre estarás,
dando vueltas en la nebulosa de este amor,
que se llamará como muchas cosas más,
como muchos pasaportes que nos lleven al Norte o al Sur,
con conexión o desconectados liberalmente,
pero juntos donde el amor se llama con todos los nombres
de todas las risas,
con todos los momentos,
con todas las fuerzas de un corazón desteñido
que se tiñe de tu risa cuando me ves.
Es por eso que tengo ganas de verte otra vez,
desde lejos me dejo caer,
me dejo cesar,
te veo en un instante y mi vida significa lo que nunca significará,
porque una radiante energía me corre por las venas
y me vuelvo autoestima,
y me vuelvo todas las cosas que las señoritas
dirían que deberían ser recíprocas,
y esas cosas,
son tan fuertes y a la vez tan chiquitas,
que se llaman con todos tus nombres y todas tus despedidas.
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