No me sirve que seas así, no me sirve que andes por la vida deseando todo lo que ves sin mirar nada. No me servís a veces, no me servís como no me sirven tantas cosas. No me sirve tu poca inocencia, no me sirve que mientas para fingir ser buena, no me sirve que llores hoy en tu no tan explícita agonía. La melancolía de morir en este mundo, y de vivir sin una estúpida razón. Patética, patética, patética.
Patética porque te odiás.
Patética porque casi nunca escuchas.
Patética cuando sufrís.
Patética cuando te reís.
Patética cuando soñas, cuando escuchás, cuando morís.
Patetiquísima loco.
Que tipa hija de puta la puta madre, si no me hubiera tocado ser vos, te cagaría a trompadas. Y esto se debe a que, últimamente he descubierto que lo que más odiamos de las otras personas, son esos defectos que uno no puede cambiar de sí mismo. Odiamos a la gente que se asimila a nosotros, porque detestamos vernos al espejo. Todos nuestros defectos que a veces "no vemos", son los que más odiamos en las otras personas.
Por eso, muchas rivalidades se presentan entre personas con actitudes distintas, o justamente por parecidas, distintas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario