Déjeme decirle que con o sin miedo somos los mismos, perdidos o en camino, no somos nadie porque no sabemos a dónde queremos llegar. La piel se arruga con el tiempo, nos salen ojeras, nos llenamos de marcas, manchas, dolores. Qué puto el tiempo ¿No lo cree? A mí me ha pasado que de repente no sé a dónde estoy parada, me duele un poco estar así. Aunque no del todo ¡Mire qué precioso es aquél árbol, aquellas hojas! Y con tantos miedos uno espera caminar...
De la nada me tiemblan los ojos, me lloran las manos, me piensan los pies, me camina la cabeza. Y dejo de ser yo, lo juro, dejo de ser yo por completo. No estoy donde debo estar ni estaré, se me mete una melodía por el oído izquierdo y termino vomitándolo como una sonrisa bizarra llena de escaras. Qué putas las sonrisas. Perras mentirosas llenas de escrúpulos con aire de mal trechos, se meten en cada momento, a cada hora, en cada recuerdo y no nos dejan mirar el horizonte, nos imposibilitan para dejar ir, aunque para hablar de horizontes hay muchos ebrios en la puerta de un bar de algún San Telmo que ya no recuerdo.
Usted está cegado, no quiere contestar, le teme a las mentiras y más a la soledad. Yo era así, un día no dejé de respirar, fui real por más de una hora y terminé gritándole a personas que no tenían nada para dar. Qué putas las personas. Maniatadas con el amor, sincerándose con las mentiras, me duele un poco el corazón.
Manténgase alejado de las personas que lloran sin compasión.
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